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Eran grandes amigos desde la infancia. Uno de ellos era mandarín y se le había ofrecido un destacado cargo oficial. Un poco preocupado por la responsabilidad que tendría que asumir en breve, el mandarín se reunió con su amigo de la infancia y lo puso al corriente de la situación. El amigo le dijo:
-Lo que te recomiendo es que siempre seas paciente. Es muy importante. No lo olvides, ejercítate sin descanso en la paciencia.
-Sí, seré paciente. No dejaré de ejercitarme en la paciencia -aseguró el mandarín.
Los dos amigos empezaron a deleitar un sabroso té. El amigo que había venido a ver al mandarín, dijo:
-Sé siempre paciente. No dejes de ser paciente, suceda lo que suceda...
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